Chigüinas, presas, violadas y “con las botas puestas”. Mujeres nicas que hicieron la revolución


A 37 años del triunfo de la Revolución Sandinista, pocos datos tenemos y aún menos reflexiones hemos hecho, sobre la participación de las mujeres en el proceso que condujo al derrocamiento de la Dictadura Somocista. Viendo hacia atrás, a muchas de nuestra generación nos parece natural la masiva y activa presencia de mujeres en dicho proceso. A las extranjeras que escribieron u observaron el “fenómeno” no y seguramente a las mujeres jóvenes de hoy también les asombra.
Fotografías extraídas de Memorias de la Lucha Sandinista.
Por Nadine Lacayo Renner, para su blog Ecos de lobas, y Martha Isabel Cranshaw Guerra. 11/7/2016

Nadine Lacayo

SOBRE EL MUJERAL EN LA LUCHA CONTRA SOMOZA

Por Nadine Lacayo

Muchas murieron, fueron apresadas por la Guardia de Somoza, asesinadas y violadas en ese proceso y, otras que sobrevivimos seguimos vivas y con más de 50 años encima. Lo hubo de todo, desde la anónima mujer popular que levantó en la insurrección un adoquín para reforzar una barricada, hasta las cómplices de sus hijos y maridos que colaboraban con tareas “sencillas” pero altamente riesgosas. También, las guerrilleras que inspiraron a muchas y que nunca dejaran de ser una referencia clave en la historia. Ojalá pudiera en este momento tener la lista de aquellas que, realizando labores de hormigas, expusieron también el “el pellejo” o las que tomaron banderas, dejaron la pailas y cocinas y marcharon por las calles de todos los pueblos y ciudades gritando contra Somoza. También hubo mujeres de la clase “alta, media y popular” que se la “jugaron” y cientos de militantes mujeres del FSLN de aquel entonces, que fueron claves en las misiones políticas y organizativas.

Hace unos días Margine Gutiérrez publicó en Facebook la foto de Mirna Reed, junto a su hija, Sade Rivas Reed, y algunos de sus demás hijos. Todos atrincherados con su fusil en algunas de las insurrecciones de Matagalpa. Yo los conocí a los tres. La madre debió haber tenido entonces unos 36 años, Sade a lo sumo 16 o 17 y su hermano unos 15. Esta foto que compartí y fue objeto de diversos comentarios: desde confirmarla como un hecho de heroicidad hasta cuestionar la irresponsabilidad materna, entre otras. Obviamente que es natural, esta última reacción si se desconoce el contexto en que fue tomada y por supuesto si se ignora la historia.

Más allá del necesario debate sobre este tema, pero sobre todo de esta participación masiva de las mujeres en el proceso histórico de Nicaragua y su relación con las propuestas del feminismo, nadie puede poner en cuestión que, en aquel contexto la participación política y militar de las mujeres, por su magnitud, representó un hito en las revoluciones sociales, me atrevo a decir del mundo.  Este debate por supuesto está pendiente y es necesario.

En este mes de julio, en que salen a la superficie las heridas, lágrimas, rabias, orgullos, nostalgias escondidas, en fin, emociones de diferente tipo, ECOS DE LOBA propone no dejemos morir la MEMORIA HISTORICA. No se propone “recordar por recordar”, sino para conocer, aprender, interpretar y también hacer un homenaje a todo ese mujeral, vivas o muertas, desde la acerca en que se encuentren hoy, con el relato de una de ellas.

http://youtu.be/iQnpwOpc6fc

Habla Martha Isabel Cranshaw Guerra (27/6/2016):

Todo comenzó un julio de regreso de clases, caminando de La Asunción rumbo a mi casa en San Sebastián. Una de mis diversiones era subirme sobre los gruesos muros del parque Rubén Darío, bajar en las “puertas abiertas” y volver a subir. En esas andanzas estaba el 15 de julio, cuando el parque central estaba atestado de curiosos y guardias nacionales. Había otra cosa más interesante que ver. Bajo a sumarme a los curiosos y a preguntar qué ocurría. Luego aparecen avionetas y aviones, a lo lejos se oye la balacera, ruido de los tanques hasta el punto que ensordece el bullicio. Ese día conocí una ventaja de ser chigüina: uno pregunta y le contestan cualquier cosa, suponiendo que no entenderá.

Ese día los managuas supimos de la existencia del Padre de la Resistencia Urbana, Julio Buitrago. El rumor recorrió sobre todas las calles y al siguiente día fue el motivo de conversación durante el recreo con mis compañeras de clase. Julio marcó mi vida y quedó grabado en mi memoria como la máxima expresión de la capacidad de resistencia y rebeldía popular. Escondida en el cuarto de baño y con la solidaridad de Ana la cocinera, devoré las noticias en La Prensa.  Diaz después, cae presa Doris Tijerino Haslan. Me fui a mi lugar favorito con el periódico entre las piernas.  “Dios mío la violaron y es una chavala!!!”.

Coreaban algunas personas mayores “Qué escándalo, ¡qué falta de pudor desvistiéndose ante los periodistas y dejando tomarse fotos!“. Y yo: “le golpearon el brazo, le dejaron un morado, lo viste?”.  Muchos años más tarde, presa en la loma de Tiscapa, cuando los de la seguridad me golpeaban e interrogaban me compararon con Doris diciéndome “sos una vulgar con nosotros, la Doris era amable”. Por dos minutos dejé de lanzar epítetos…, casi caigo en su trampa; luego dije “la Doris es la Doris y yo soy yo”.  En mis adentros me decía “brutos, comparándome con la Doris, demasiado honor para mí.” Nunca se enteraron del bien causado y el favorcito que me hicieron: Doris acompañó mi resistencia aun estando ausente.

http://youtu.be/57NxdHx5U-4

Muchas de mi generación se integraron al Movimiento Cristiano Revolucionario y al Movimiento Estudiantil desde la secundaria o en la universidad; posiblemente la más conocida fue Arlen Siu, cuya guitarra nos deleitó resistiendo en El Sauce y ella resistiendo un terrible ataque de hemorroides; “yo no me puedo quejar de este bulto de casi 100 libras de medicinas”. Otras compañeras son menos conocidas y aún más jóvenes como Martha Angélica Quezada, originaria de León. De ella impresionaban su disciplina, modestia y silencio, y por eso se destacó en tareas donde se requerían esas cualidades siendo correo entre cuadros intermedios y la estructura clandestina, cayó resistiendo en Managua. De la belleza de Martha Angélica eran Carmen Moreno en Managua y Saidy Rivas en Matagalpa; ambas lograron llegar al 19 pero nos dejaron unos años después.

La historia de Amada Pineda produjo una rabia profunda. “La violaron delante de sus hijos pequeños y ¡no una ni dos veces sino toda la patrulla de la guardia!”. Cuando la conocí, Amada me impresionó la dulzura de su rostro y me preguntaba “¿cómo hizo para superarlo?”. Generosa como ella sola, se integró a los Tribunales Especiales destinados a juzgar a los altos mandos de la guardia.

Agosto y septiembre del 78 dejó en mí remembranzas imborrables, cuando en Tinajita aparecieron las primeras imágenes en la televisión. “Son más chavalas que nosotras” decía una, “solo tienen pistolitas”, comentaba otra, “no puedo ver esto, las van a matar”, “la población ya está desesperada”. La Dignidad llenó las calles de sangre y las lágrimas se atoraban en la garganta, pero recogiendo el miedo llegábamos a julio del 79. En los frentes destacaron mujeres, entre las super conocidas es inevitable nombrar a Dora María Téllez o Leticia Herrera, herederas de Los Mártires de Veracruz junto a Ana Isabel Morales, Lourdes Jirón y Gladys Báez, cuyas tareas eran más organizativas.

Quxabel Cárdenas aún conserva en su brazo las marcas nefastas de su resistencia en Chinandega durante la insurrección de septiembre, donde las mujeres al frente de las tropas destacaron como organizadoras y jefas militares aún más que los hombres. Miriam Tinoco, la Negra Mercedes, Silvia Marlene Ramírez y María del Pilar Gutiérrez, eran mujeres amadas por los combatientes populares. Quxa es ahora una migrante resistente a las políticas migratorias xenófobas, una educadora en derechos y organizadora de migrantes.

Norita Astorga, legendaria figura con el fusil en mano y por ajusticiar al GN 1, tenía una imagen pública de guerrera, pero en realidad era un amor caminando.  Feminista antes que muchas de nosotras, con su voz suave debatía por la equidad de género con ternura y fuerza, sin perder la afabilidad y su capacidad de abrazo. Murió sonriendo resistiendo al cáncer ya bien entrados los años ochenta.

A Rosa Argentina Ortiz la conocí en la cárcel de la Aviación. Menuda y frágil como ella sola, fue detenida en la montaña donde murió su compañero, manoseada y violentada por la patrulla de la guardia que la capturó, colgada de los pies la golpearon aplicando “la piñata”.   En la segunda huelga de hambre, casi se “nos queda” porque estaba muy débil, nosotras le insistíamos que ya era suficiente pues se nos iba a morir. Ella seguía resistiendo. Su testimonio me demostró que” las esencias y los perfumes vienen en frascos pequeños” y su capacidad de firmeza expresa el valor de la moral.

Aparentemente distinta era Charlotte Baltodano, joven de mente muy abierta para su época, pintora y más artista que otra cosa, era una guerrera temida por la guardia debido a su participación en un operativo en Managua donde desde una moto lanzó una granada a una patrulla de la Guardia Nacional, a un BECAT. Al inicio en la cárcel privaba el miedo y respeto entre los custodios. Bella por dentro y por fuera, sexy, coqueta y cuidadosa de su figura, se arreglaba el pelo desde el día anterior a las visitas familiares.  Los presos políticos del otro pabellón, se colocaban con suficiente tiempo en la verja, los presos comunes y los custodios de la oficialía de guardia tomaban las mejores posiciones para verla desfilar con su descotado vestido blanco, su sonrisa coqueta, su oscilante andar y la estela de perfume. Su fama de guerrera decayó sensiblemente entre los guardias aquel día que un ratón se introdujo en su celda y ella expresó su terror por el bicho; sin embargo, jamás disminuyó su club de fans del desfile de Charlotte los jueves y sábados.

La historia a veces destaca a las mujeres guerrilleras más que a las organizadoras, pero sin ellas, no sólo era imposible construir la columna vertebral de la resistencia, sino también su cuerpo. Motivadoras de militantes, colaboradores y combatientes populares, fueron forjadoras de la organización de mujeres (AMPRONAC), de las incipientes células sindicales en Managua, León o Chinandega, de la organización de trabajadores del campo y de los Comités de Defensa Civil, sin ese a veces intangible esqueleto, la resistencia no hubiera existido.

Quinceañeras o veinteañeras entonces y sesentonas hoy, permanecen más anónimas que visibles, animando desde la jubilación procesos de construcción del “hombre nuevo” desde sus hijas y nietos; o bien aportando desde la academia y sus profesiones nuevo conocimiento.

http://youtu.be/Mf2nk0YR9UQ

Otras extraordinarias mujeres son las madres de héroes y mártires, de quienes a menudo se les refiere como un “colectivo” y las colaboradoras, ambas quedan invisibilizadas bajo esos nombres, pero desde sus casas, fueron nuestras madres y abuelas de “todos y cada uno” de hombres y mujeres prisioneros, clandestinas y combatientes populares atrincherados en la barricada de la esquina. Ellas exponían sus vidas y las de su familia para cuidarnos y protegernos a nosotros los clandestinos, a nosotros “los muchachos” en insurrección. Tal como ellas hicieron en su momento, he aprendido a compartir lo cierto de “donde come uno, comen dos”, así como a dar amor a través de sencillas, pero deliciosas recetas nicas. Más importante aún es envejecer con su valentía y dignidad.

Otras compañeras como Mónica Baltodano, Margine Gutiérrez o yo, éramos del inexistente club de las “gritonas” en las manifestaciones estudiantiles, en la cárcel y tanto como amantes de comunicar ideas. Nuestro mejor testimonio son las tres declaraciones de las presas políticas durante las huelgas de hambre. Sin duda, ninguna le llega al ojo del pie de Magaly Quintana, quien además cantaba sin tener voz entrenada, integraba grupos de teatro y cuenta con una extraordinaria imaginación para crear nuevas expresiones de rebeldía. Vivas estas cuatro, todo parece indicar que moriremos “con las botas puestas”.

(Entrevista en la que Magaly Quintana relata los inicios de la lucha LGBT en Nicaragua y las contradiciones del FSLN al respecto)


Biografía de Marta Cranshaw, historia de una vida indoblegable

Desde los sectores cristianos comenzó a luchar contra las injusticias. Fue reclutada por el FSLN en los años 70, estuvo en una columna que atacó la Guardia Nacional en 1975 donde murió Arlen Siu, fue funcionaria política durante la Administración sandinista de los 80, y ahora forma parte de una red social que trabaja a favor de los migrantes.

Este personaje es Martha Isabel Cranshaw Guerra, hija del jefe político de Managua en el somocismo, William Cranshaw, quien era hijo de un inglés, y quien no pudo convencer a su hija en prisión, de que abandonara la lucha.

Martha Isabel, quien se autodesactivó del FSLN al inicio de la década de los 90, nació en el barrio San Sebastián en 1955. Su madre, que aún vive, es Cora Guerra, originaria de Rivas. En La Asunción se bachilleró, y después viajó a León, ya que tenía vocación por la medicina.

Desde 1970 había participado en los movimientos cristianos, y le tocó hacer trabajos en el Open Tres, ahora Ciudad Sandino. Cuando llegó a estudiar a León se integró al trabajo de los movimientos cristianos revolucionarios, sin descuidar el trabajo dentro del movimiento estudiantil. Hizo trabajos de organización en los barrios leoneses El Coyolar, El Laborío, San Felipe y Sutiaba.

Primeras luchas en las que se involucra

El trabajo de Martha Isabel dentro del FSLN fue organizativo, social, de educación política y de preparación militar.

Participó en la huelga de los maestros en 1970, cuando tenía 15 años, lo mismo que en las protestas por el aumento en el precio de la leche. “Estuve en la lucha de los pobladores del Open Tres cuando se estaba iniciando el proceso de asentamiento, donde les vendían los terrenos, y si no pagaban tres meses les expropiaban el terreno”, dijo.

En León tomó parte, en las tomas de tierras de Los Arcos, en Sutiaba, en la lucha de los trabajadores de la construcción durante las huelgas de 1972, 1973 y 1974, y en la huelga de los trabajadores de la salud.

Un coronel de la GN la llegó a “quemar” donde su padre

En esas luchas, Martha Isabel fue denunciada ante su padre por un coronel de la Guardia Nacional, quien le llegó a decir que su hija andaba metida “en esas vainas”.

“La primera vez mi papá me preguntó que si era cierto, y me dijo: Si vos me decís que no es cierto, yo te creo. Yo me dije: ésta es mi oportunidad, y, por supuesto, le dije que no andaba en eso, pero la verdad es que seis meses después, nuevamente, le volvieron a informar que andaba en una actividad sobre un aniversario del Che Guevara”, recordó.

Esto provocó que en 1973 su familia se reuniera en Carazo. La sacaron de León y le plantearon tres opciones: “Me dijeron: te quedás estudiando medicina en León, pero cero participación política; te vas fuera del país a estudiar tu carrera, o te quedás encerrada en la casa sin estudios”, contó. Al final Martha Isabel optó por la tercera opción que le impuso su familia, y fue la puerta para irse a la clandestinidad.

Su familia aflojó un poco con Martha Isabel porque después le propusieron una cuarta opción: que se viniera a estudiar a la UCA en Managua y no seguir en una universidad pública. Ella aceptó y se fue a vivir a la casa de uno de sus hermanos. “Allá no dilaté ni una semana, porque pasé a la clandestinidad, ya que tenía un compromiso político bien claro”, recuerda.

Sobre la muerte de Arlen Siu

Martha Isabel formó parte de la columna donde estaba Arlen Siu, quien cayó combatiendo a la GN en El Sauce. La columna estaba integrada por 35 personas, la mayoría de las cuales murió en enfrentamientos con los guardias somocistas.

La columna estaba en un proceso de capacitación para entrar a la clandestinidad y formar una unidad de combate ya sea para alguna acción política militar del FSLN o irse a la montaña. “Pero en ese proceso, en julio de 1975, la Guardia construyó un cerco después de que un traidor de El Viejo dio la información”, recordó.

Pero el destino no tenía a Martha Isabel entre las que iban a morir, porque antes de que la GN lanzara el cerco, a ella y a otros sandinistas, después de evaluarlos, los enviaron a otros puntos del país. La Guardia bordeó el sitio con dos compañías, cada una compuesta por lo menos con 75 guardias y avionetas que utilizaron artillería pesada.

La GN dio por muerta a Martha Isabel, ya que en documentos que había en el lugar donde estaban los guerrilleros encontraron su carné de la universidad.

Cuenta que llevaron a su padre (quien también había sido viceministro del Distrito Nacional) a verificar la identidad del cadáver, quien lo hizo con los ojos cerrados. En el cuerpo de Arlen Siu estaba un crucifijo que Martha Isabel le dio a la “Chinita”. Incluso la GN tenía una fotografía cuando ella cumplió 15 años, donde tenía ese crucifijo. Arlen, a cambio, le entregó a Martha Isabel sus aretes.

En Corte Militar, a Martha Isabel la condenaron en ausencia a ocho años de prisión por los delitos de asociación ilícita, organización para delinquir y atentar contra la seguridad del Estado.

En mayo de 1977 cayó presa en Chichigalpa, después de que el FSLN la trasladó desde El Sauce, con la finalidad de organizar a colaboradores y grupos sindicales. Trabajó en la organización de los trabajadores portuarios de Corinto, así como de los trabajadores del Ingenio San Antonio.

Para la GN fue fácil ubicar como estudiante a Martha Isabel –quien utilizaba el seudónimo de “Cristina”– una joven de tez blanca, en medio de una comunidad de trabajadores agrícolas.

Es detenida cerca de la empresa licorera ubicada en la entrada a Chichigalpa, a 75 varas del lugar donde estaba la casa de seguridad donde ella estaba ubicada. En el primer interrogatorio que le hizo la Guardia, dijo que vivía en León y ocultó información sobre sus padres y su identidad.

Con su fuerte “galillo” hizo pública su detención

Cuando el Becat (vehículo policial) que la condujo se aparca en el parque que quedaba frente al comando de la GN en Chinandega, Martha Isabel aprovechó que había gente en la oficina de la Policía de Tránsito para gritar: “¡Soy Cristina! ¡Viva el Frente Sandinista!” Esto lo dijo esposada. “Fue mi mejor manera de avisarles a los clandestinos”, dijo.

El coronel Meneses se encontraba al frente del comando de Chinandega y la empezó a interrogar. Meneses le dijo: “Dijiste que eras del FSLN, por lo que tuve que avisar a Managua y va a venir la Seguridad (Oficina de Seguridad Nacional), y cuando estés a mano de la OSN yo no puedo hacer nada”.

Martha Isabel reveló su identidad. El coronel se asustó: “¿Otra hija de William Cranshaw? ¡Lo van a matar!” Entonces entendió que hablaba de Arlen Siu, y que por los apellidos se pensaba que eran hermanas.

Meneses le informó que la “otra Cranshaw” cayó en Santa Rosa, en El Sauce. Ahí se dio cuenta que su nombre apareció entre los caídos en ese sector occidental del país, y hasta junto a la tumba de Arlen Siu pusieron otra tumba con su nombre.

Fue traslada a las ergástulas de la OSN y fue torturada. Como la GN pensó que ella estaba desmoralizada, la trasladaron a la Central de Policía (hoy Ajax Delgado), donde primero estuvo en la celda número 2. Compartió prisión con Doris Tijerino, Mónica Baltodano, Yadira Baltodano, Rosa Argentina Ortiz, Gloria Campos Traña, Margin Gutiérrez, Charlot Baltodano y Auxiliadora Cruz, entre otras. Salió de la cárcel con el asalto al Palacio Nacional, el 22 de agosto de 1978.

A su celda llegó su padre para proponerle que firmara un documento donde renunciaba al FSLN y así obtener su libertad, pero su entrega a la lucha fue más fuerte que el amor paternal, pues rechazó el pedido de don William Cranshaw.

“Yo le dije: Decile al que te dijo eso que aquí estoy bien presa, y si vas a venir a verme, nunca más se te ocurra venir a hacerme una propuesta de ese tipo”, rememora nuestro personaje. Eso, según recuerda, se lo dijo después de haberle mostrado los morados que le hicieron en su cuerpo los torturadores de la OSN. Todavía conserva una goma en el esternón originada en esos golpes.

Después del derrocamiento de Somoza

El padre de Martha Isabel estuvo preso año y medio en los 80, pero obtuvo su libertad debido a una amnistía que aprobó el Consejo de Estado. Irónicamente, el tiempo que el ex jefe político del somocismo estuvo en la prisión, casi fue el mismo que estuvo su hija en las cárceles de la GN.

Después que triunfa la revolución, fue miembro del Comité Departamental del FSLN en Chinandega; después, como miembro de la comisión de masas en Managua, fue Secretaria Política de Madriz, y, finalmente, Secretaria Política de León en enero de 1980. Dos años después, asume la responsabilidad política de Chinandega, y en 1983 pasó a ser ministra delegada del FSLN en Occidente. También fue miembro del Consejo de Estado.

Empezó a desactivarse del FSLN desde el primer congreso de ese partido. Cuenta que habló con René Núñez, ahora Presidente de la Asamblea Nacional, a quien también llegó a pedirle una constancia sobre los cargos partidarios que había tenido.

“Él (Núñez) me preguntó que para qué la constancia. Bueno, es parte de la historia –le dije yo–, y la quiero tener por si me llego a integrar a otro partido político en alguna parte del mundo. Mi separación del FSLN fue dolorosa”, asegura.

Se desprendió del FSLN, y no milita en ningún partido de la oposición porque decidió, desde 1994, aportar desde la sociedad civil, y, en este caso, a través de la Red Nicaragüense de la Sociedad Civil para las Migraciones, que se constituyó en 2002.