Brasil, Latinoamérica, Noticias — 09/01/2012 a 12:03 pm

EL AÑO QUE ACABA Y PERSPECTIVAS PARA 2012

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BALANCE DEL AÑO QUE ACABA Y PERSPECTIVAS PARA 2012

El año termina y, una vez más, tenemos el sentimiento del deber cumplido por todas nuestras luchas, actividades y alianzas que conseguimos construir y profundizar con diversos sectores de la clase trabajadora. En un año muy duro, tuvimos que trabar grandes luchas contra el latifundio del agronegocio que continúa su ofensiva sobre nuestras tierras, recursos naturales, e inversiones públicas. El agronegocio que está formado por la alianza de los terratenientes capitalistas con empresas transnacionales y con el capital financiero, controla nuestra agricultura y intenta profundizar su dominio, metiendo mano en iniciativas de varios frentes.

Una de las prioridades de agronegocio fue la flexibilización del Código Forestal. La legislación ambiental brasileña, que es avanzada en el sentido de la preservación del medio ambiente, de la producción sostenible y la generación de renta, es una barrera para el avance del capital en la agricultura. El concepto de Reserva Legal y las áreas de Preservación Permanente son obstáculos para que las empresas transnacionales avancen sobre nuestras tierras para implementar la producción de monocultura para la exportación, basada en la expulsión de las familias del campo y en la utilización sin límites de agrotóxicos.

El proyecto del senador Luiz Henrique aprobado, en el Senado Federal, heredero del texto del Diputado federal Aldo Rebelo, amnistía a los terratenientes que deforestaron y les exime de la recomposición de gran parte de esas áreas, crea la posibilidad de que, por medio de una auto-declaración, cualquiera quede desobligado de recuperar el Área de reserva Legal y no tiene mecanismos para impedir más deforestaciones.

Hemos participado en una gran articulación que reúne los movimientos del campo, la agricultura familiar, el movimiento sindical, las entidades de defensa del medio ambiente, científicos, artistas y sectores de la Iglesia Católica, de las entidades de abogados y del Poder Judicial, para enfrentar la ofensiva del capital en la agricultura y sus representantes, la “bancada ruralista” (parlamentarios). Aún así no tuvimos fuerza para tirar adelante ese proyecto y presionar para que el gobierno tuviese una posición firme para cumplir los compromisos de campaña de la presidenta Dilma Rouseff.

Está prevista la votación del proyecto de la Cámara de Diputados para inicios de marzo. Hasta esa fecha, tenemos la tarea de hacer una gran jornada de luchas, con la participación de todos los sectores articulados en la defensa de las florestas, para impedir la aprobación del texto y presionar para que la presidenta vete los cambios que creen condiciones para ampliar la deforestación y el control del capital sobre nuestra agricultura.

AGROTÓXICOS

La sociedad brasileña está cada día más atenta con los problemas causados por la mala alimentación y los problemas en la salud, especialmente con la contaminación por los agrotóxicos. Los pesticidas son uno de los ejes de sustentación del modelo de producción del agronegocio, como el latifundio, la monocultura y la expulsión de las familias del campo, para una producción de cara al exterior.

Brasil ocupa desde 2008 el primer lugar en el ranking mundial de la utilización de agrotóxicos . Más de 1 billón de litros son esparcidos en las cosechas En el 2010, nació la campaña nacional contra los agrotóxicos, con la participación de entidades importantes como el Instituto Nacional de Cáncer (Inca), la Fiocruz y la Agencia de vigilancia Sanitaria (Anvisa).

Especialistas han apuntado la relación de los agrotóxicos con el cáncer. En los próximos dos años, más de 1 millón de brasileño serán diagnosticados de cáncer, según el Inca. Sólo 60% de los afectados conseguirán recuperarse. Las contraindicaciones causadas en la salud de toda la población por el uso sin límites de agrotóxicos llevará a la sociedad a cuestionar el modelo del agronegocio, que además de imponer la concentración de tierras, la devastación del medio ambiente y la expulsión de las familias del campo, contamina el organismo de toda la población.

REFORMA AGRARIA

La ofensiva de las fuerzas del capital y la falta de iniciativa política del gobierno federal hicieron del 2011 un año peor para la Reforma Agraria. Sólo 35 áreas fueron transformadas en asentamientos, beneficiando sólo 6 mil familias. Los números corresponden a 20% del que el ex-presidente Lula realizó en su primer año de mandato, cuando fueron creados 135 asentamientos, asentando a 9.195 familias.

Al mismo tiempo, 90 procesos de expropiación de tierras envejecen en las mesas de la Casa Civil y de la Presidencia de la República. Para que estos procesos, técnicamente concluidos, se transformen en asentamientos basta la firma de la presidenta Dilma.

Durante todo el año, realizamos movilizaciones para denunciar la lentitud de la Reforma Agraria, la inoperancia del Incra y los crímenes del agronegocio. El mes de abril, se hicieron más de 70 ocupaciones de latifundios, además de marchas y campamentos en 19 estados. En agosto, los movimientos organizados por la Vía Campesina realizaron un campamento con 4 mil trabajadores rurales en Brasilia, sumando la movilización de 50 mil agricultores en 20 estados. Esa jornada arrancó compromisos importantes del gobierno federal, que aún no han salido del papel, y conquistó la inversión de 400 millones de reales de presupuesto para la obtención de tierras.

PERSPECTIVAS

Con el avance de capital en la agricultura, la realización de la Reforma Agraria depende tanto de la lucha de los trabajadores rurales, así como de nuestras ocupaciones, marchas y protestas, como también de un gran movilización de la sociedad brasilera a favor de las reformas estructurales, que serán impulsadas a partir de la organización y luchas del pueblo brasileño en torno a un proyecto popular para Brasil.

Por eso, hemos acompañado con buenos ojos el aumento de la cantidad de huelgas y movilizaciones de diversas categorías por aumento de salarios y mejores condiciones de trabajo, así como las protestas de los estudiantes en las universidades públicas.

Las grandes empresas se han lucrado mucho en el último periodo, con el crecimiento de la economía, lo que crea mejores condiciones de lucha para los trabajadores. Aunque esas huelgas tengan en su mayoría un carácter economicista, demuestran que la clase trabajadora está en movimiento, abriendo un horizonte para intensificar las luchas y creando perspectivas de un debate político con la sociedad brasileña sobre la necesidad de transformaciones profundas en nuestro país.

Las políticas implementadas por el gobierno desde 2003 consiguieron mejorar las condiciones de vida de la población, pero no fueron realizados cambios estructurales que transformaran nuestro país. Para enfrentar esas cuestiones, las organizaciones de la clase trabajadora han construido un programa político, teniendo como puntos principales la reducción de la jornada de trabajo en 40 horas sin reducción salarial, medidas para garantizar mejores condiciones de trabajo y menor rotatividad, la destinación del 10% del Producto interior bruto (PIB) para educación, la realización de la Reforma Agraria y la prohibición de agrotóxicos, una Reforma Urbana que garantice vivienda, reorganización del sistema de transporte y mejores condiciones de vida en las grandes metrópolis, una Reforma Tributaria Progresiva para que tributen aquellos que concentran la renta, la riqueza y el lucro y la democratización de los medios de comunicación de masa.

El desafío es construir a partir de las luchas de todos los sectores que defienden esas banderas un gran movimiento de masas, que tenga organización y fuerza para enfrentar la ofensiva del capital y garantizar conquistas para el pueblo brasileño. En el próximo periodo, vamos participar de esas luchas y cobrar esos compromisos asumidos por el gobierno, con muchas luchas, ocupaciones, marchas y movilizaciones. Tenemos también la tarea de avanzar en la organización de nuestros asentamientos para ser referencia de producción de alimentos de calidad y sin venenos para la población brasileña, organizar a los pobres en nuevos campamentos y ocupaciones y realizar alianzas aún más fuertes con la clase trabajadora en todos los espacios. Los compromisos asumidos solo se convertirán en conquistas concretas con la presión social y unidad, en el programa y en la lucha con otros sectores de la clase trabajadora.

Si el lema de ese gobierno es “País rico es país sin pobreza”, tenemos que abrir los ojos de la población brasileña que el modelo de desarrollo del agronegocio, basado en el latifundio, en la explotación, en la exclusión social, en el envenenamiento de la naturaleza y en la destrucción de las florestas no podrá acabar con la pobreza en el campo, pues es la propia raíz de la pobreza. Con nuestras luchas y campañas, vamos a avanzar en las conquistas y la sociedad comprenderá que combatir la pobreza en el campo es hacer la Reforma Agraria. El año nuevo será feliz con la fuerza y movilización.

Secretaría Nacional de MST