Asia, Kurdistán, Noticias — 03/11/2015 a 8:37 pm

La mayoría absoluta refuerza el poder regional de Tayip Erdogán frente a Europa

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A Turquía le esperan cuatro duros años de Gobierno Erdogán. Las elecciones de este domingo, de forma sorpresiva, han supuesto un claro reforzamiento para el actual presidente turco, un reforzamiento no solo dentro de su país sino también ante una Europa atrapada por la crisis de los refugiados sirio.
Por Manuel Martorell, para Cuarto Poder

hdpLos resultados de estos comicios anticipados, que devuelven a su partido, el AKP, la mayoría absoluta en el Parlamento, han sido una sorpresa porque nunca como hasta ahora el Gobierno turco había sido responsabilizado de provocar por intereses partidistas la sangrienta escalada bélica en el Kurdistán, nunca como hasta ahora la política exterior había quedado tan comprometida por la situación de Siria, nunca como hasta ahora los servicios de inteligencia habían estado tan en el punto de mira por su negligencia ante un atentado tan grave como el de Ankara y nunca como hasta ahora se había visto tan violentada por el Gobierno del AKP la libertad de prensa.

Hasta hace solo unos días, eran las publicaciones de la extrema izquierda y de los grupos kurdos las que tenían que echar el cierre por las decisiones gubernamentales; ahora les toca a los periódicos de sus competidores islamistas –el grupo Gulen- o laicos. Las dos principales cabeceras gulenistas –Bugun y Millet– han sido descaradamente intervenidas por el Estado y su política editorial modificada en un espectacular giro de 180 grados de la noche a la mañana, pasando de la radical oposición al ensalzamiento de Erdogán. Por su parte, los diarios Hurriyet y Cumhurriyet, ambos de centro-izquierda y orientación laica, han enmudecido ante lo que les pueda ocurrirm también a ellos.

Tras perder la mayoría parlamentaria en las elecciones de junio y abocado el país a cinco caóticos meses ante la imposibilidad de formar una coalición gubernamental, todos esperaban que Tayip Erdogán y el AKP (el islamista Partido del Desarrollo y la Justicia) volviera a perder votos en estas elecciones anticipadas y que esto supusiera el fin definitivo de Erdogán. Así lo diagnosticaban la mayor parte de las encuestas.

Pero las previsiones no se han cumplido. El AKP ha pasado del 41 al 49 por ciento, recuperando el voto conservador que se abstuvo en junio y, sobre todo, arrebatando con un discurso marcadamente ultranacionalista la base social al MHP, que, con el 12 por ciento, se ha quedado al borde de la representación parlamentaria. En total, el AKP ha conseguido 315 escaños, más que suficientes para gobernar los próximos cuatro años en solitario, sin necesidad del apoyo de ningún partido, y, por lo tanto, seguir su peligrosa deriva autoritaria dentro y fuera de Turquía.

El Movimiento Nacionalista (MHP), de extrema derecha, ha sido el más perjudicado, perdiendo la mitad de sus parlamentarios y quedando en una situación crítica, de total debilidad ya que, además de no poder influir en el Gobierno, ve en peligro a su electorado, que la nueva línea nacionalista de Erdogán puede seguir arrebatándole e, incluso, expulsarle del Parlamento dentro de cuatro años por no alcanzar el fatídico listón del 10 por ciento.

Algo parecido le ocurre al CHP, el histórico Partido Republicano del Pueblo, socialdemócrata y kemalista, aunque con sus 135 diputado -25 por ciento del electorado- siempre le quedará defender la posición de los sectores más laicos y progresistas de Turquía.

Quien también se queda en la frontera del 10 por ciento es el Partido de la Democracia del Pueblo, el pro-kurdo HDP. El Gobierno turco pretendía socavar su respaldo popular hasta colocarle por debajo del listón –en junio consiguió el 13 por ciento y 80 parlamentarios-, responsabilizándole del clima de violencia desencadenada tras la vasta ofensiva militar en las regiones kurdas.

Parcialmente lo ha conseguido porque la declaración unilateral del autogobierno defendida por milicias populares en decenas de pueblos y ciudades ha sido vista como una huida hacia ningún sitio por parte de casi un millón de votantes que ahora le han retirado su apoyo.

Pese a ello, se queda con 60 parlamentarios, convirtiéndose en la tercera fuerza parlamentaria, por encima del MHP. Tal y como explicó Selahatin Demirtash en una conferencia de prensa, es un importante logro haber mantenido el 10 por ciento tras cinco meses de brutal y generalizada ofensiva militar en el Kurdistán. Los datos le dan la razón: medio millar de cuadros y dirigentes detenidos, 190 sedes del HDP atacadas, imposibilidad de hacer campaña electoral por temor a nuevos atentados como el de Ankara y 258 civiles muertos durante las operaciones militares. Pese a todo ello, en las doce provincias donde el HDP ha ganado, duplica el voto del AKP mientras que las otras dos fuerzas turcas –el CHP y el MHP- prácticamente desaparecen del mapa electoral, y la continuidad de la presencia kurda en la Asamblea Nacional le sigue privando a Erdogán de los 367 escaños necesarios para modificar la Constitución e implantar su soñado proyecto presidencialista.

Resulta una verdadera incógnita cuáles serán los siguientes pasos de Erdogán en este enquistado conflicto que tiene su prolongación al otro lado de la frontera siria, en Rojava, donde el partido hermano del HDP, el Partido de la Unión Democrática (PYD), está construyendo una autonomía kurda que Erdogán ya ha dicho que no va a consentir.

Hasta ahora, la coalición internacional liderada por EEUU y Francia ha mantenido a raya a Turquía frenando su conocido plan de invadir militarmente esa región. Objetivamente, el 49 por ciento de los votos y la mayoría absoluta en el Parlamento, además de permitirle gobernar en solitario, le dan un mayor margen de maniobra, sobre todo si tiene maniatada y amordazada a Europa bajo la amenaza de abrir o cerrar el dramático flujo de refugiados sirios hacia la Alemania de Merkel.