África, Noticias — 16/12/2014 a 9:13 am

Los inmigrantes africanos delatan la hipocresía internacional

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Los inmigrantes africanos delatan la hipocresía internacional
Fundación Sur

El drama humano de los inmigrantes africanos es uno de los síntomas más graves de la deshumanización e hipocresía de la comunidad internacional.

El nuevo y excelente film de David Fedele: “The Land Between” presenta la cruda situación que sufren los miles de migrantes africanos que están atrapados en las montañas de Gourougou, al norte de Marruecos, esperando saltar las vallas de Melilla para alcanzar Europa. También analiza algunas de las causas de esta tragedia humana.

ALGUNOS DATOS

Raro es el día en el que nuevos grupos de migrantes africanos no intentan desesperadamente, ante la mirada cómplice de Europa, cruzar el Mediterráneo o saltar las vallas de la vergüenza. Estos grupos solo representan la cúspide del iceberg, que suponen todos los migrantes africanos.

Los movimientos migratorios dentro del continente africano son nueve veces más numerosos que los migrantes que salen de África, hacia Europa, Países del Golfo, EEUU, etc. Nadie desea abandonar su tierra, familia y país.

De los migrantes africanos que emigran hacia Europa, solo una minoría lo hace cruzando el Mediterráneo o saltando las vallas de Melilla.

En 2012, el número total de solicitudes de asilo en España fue de 2.700, mientras que en 2013, la cifra se incrementó a 4.500, siendo los malienses el grupo más numeroso.

3.419 personas han muerto en 2014 intentando cruzar por diferentes medios el Mediterráneo, según ACNUR (ONU), que se lamenta que algunos países se centran en evitar la entrada de extranjeros, antes que en conceder asilo a los refugiados. La comunidad internacional está dejando de lado su objetivo de salvar vidas y el mar se convierte en un vergonzoso cementerio.

Todos recordamos la tragedia de Lampedusa. Cuatro meses antes, en julio de 2013, según ACNUR, cerca de 8.400 personas migrantes habían desembarcado en las costas de Italia y Malta, precedentes de Eritrea y Somalia. En enero 2013, más de 207.000 personas cruzaron el Mediterráneo.

La gran mayoría de migrantes del Cuerno de África optan por abandonar la región hacia el Yemen para alcanzar Arabia Saudí, encontrando por el camino hasta 200 campos de tortura y abusos. Según cifras de la ONU (ACNUR) desde 2006, más de medio millón de personas han cruzado de forma ilegal desde el Cuerno de África hacia el Yemen.

Es imposible parar a una persona que huye para salvar la vida por medios de disuasión sin incrementar aún más los peligros. Deberíamos hacer frente a las causas, lo que significa analizar por qué la gente huye y arriesga su vida en el camino.

La imagen del camión de basura transportando inmigrantes africanos en Melilla, habla por sí sola. Ya solo falta que se legalice estas devoluciones en caliente, tratando a los inmigrantes como animales, para mostrar nuestra crueldad.

ACNUR ha detallado que Europa ha hecho frente al mayor número de inmigrantes africanos debido a la existencia de conflictos y de empobrecimiento, sobre todo en Mali, Libia, Eritrea…y también en Siria, Ucrania etc.

LAS CAUSAS DE MIGRACIÓN EN ÁFRICA

El constante empobrecimiento de África por los grandes poderes financieros, a través del acaparamiento de tierras fértiles, la expoliación de recurso naturales, la falta de voluntad de las clases dirigentes para reactivar la economía, la escasa incidencia de las inversiones en la actividad productiva, así como el neocolonialismo y la corrupción, han mantenido África en una situación de “colonizada” y “esclavizada” debilitando su capacidad de recuperación.

África padece un crecimiento económico sin desarrollo, que ni los gobiernos ni las multinacionales quieren solventar. En tales situaciones, muchos africanos optan por emigrar en busca de una vida mejor.

Si de los recursos naturales y minerales africanos se derivasen industrias autóctonas, y si tantos conflictos armados no estuvieran patrocinados por intereses foráneos, probablemente la penosa historia de las pateras, cayucos y verjas fronterizas nos se produciría.

Por un lado les hacemos la vida imposible en sus propios países de origen, obligándoles a abandonar sus familias con riesgo de sus vidas, y luego les levantamos vallas a la llegada, para que se pierdan por el camino. Una de las lecciones de la vida misma, es que recogemos lo que sembramos.

Bruselas está preparando nuevas reglas para gestionar la inmigración cualificada, pero no llega a abordar el fenómeno de manera integral, en colaboración con los países africanos, de donde se ven obligados a emigrar.

De hecho Europa necesita ya inmigrantes para cubrir sus puestos de trabajo, sobre todo profesionales cualificados.

Con líderes íntegros, de la talla de Mandela, Nyerere… y con una sociedad civil más comprometida en promover el Bien Común, podríamos transformar el drama de la migración en fuente de desarrollo integral y convivencia armoniosa.