Convocatorias — 07/12/2010 a 11:10 am

MARTES 14 AVIENTU 19,30H LLOCAL SEXTAFERIA

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La masacre de El Salado y su derroche de violencia ilustran de forma contundente una estrategia paramilitar sustentada en el uso y propagación del terror como instrumento de control sobre el territorio y la población, estrategia que empieza a configurarse a comienzos de la década de los noventa, en masacres como la de Trujillo, en el norte del Valle del Cauca, y tiene su apogeo durante el cambio de milenio.

Tal expansión y cotidianización de las masacres se haría luego más
explicable a la luz de las complicidades de sectores sociales e institucionales, cuyos nexos quedaron exhibidos en el proceso de la denominada parapolítica.

Los paramilitares aquí pretendían vaciar el territorio. La táctica de tierra
arrasada empleada se inscribe en esta lógica paramilitar que dejó un escenario de tierra sin hombres, pero también dejó a muchos hombres sin tierra.

El desplazamiento forzoso, o tal vez, dicho de un modo más pertinente en este caso, el destierro, fue uno de los impactos más impresionantes y duraderos del pánico en la zona, cuya desolación evocaba durante los meses posteriores a la masacre al mítico Comala de Juan Rulfo, ese pueblo habitado por muertos y fantasmas.