Argentina, Películas — 14/07/2015 a 6:04 pm

Ni dios, ni patrón, ni marido (película)

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2010. Argentina. Directora: Laura Mañá. Guión: Esther Goris, Graciela Maglie. Música: Mauro Lazzaro. Fotografía: Oscar Pérez. Reparto: María Alché, Alejandra Darín, Ulises Dumont, Daniel Fanego, Ana Fernández, Ágatha Fresco, Joaquín Furriel, Esther Goris, Jorge Marrale, Laura Novoa, Eugenia Tobal.

La voz de la Mujer(Texto del blog La Lente Violeta)

La película narra los acontecimientos que acompañaron la creación de “La voz de la mujer” (1896), el primer periódico anarcofeminista de América Latina que distribuyó más de 10.000 ejemplares en calles, talleres y fábricas, y cuyos originales (los nueve números que consiguieron publicar) se encuentran en el Instituto Internacional de Historia Social de Amsterdam.

Ni Dios, ni patrón, ni marido cuenta cómo la anarquista Virginia Bolten junto a la intérprete lírica Lucía Boldoni y un grupo de obreras textiles se organizaron y construyeron -reivindicando su libertad de expresión mediante la publicación de un periódico- una herramienta de lucha contra la opresión del patriarcado y el capital tanto en el ámbito público como en el privado que promovía la emancipación, el amor libre, la revolución proletaria y la igualdad de derechos entre los géneros, arremetiendo a su vez contra la institución del matrimonio y el despotismo de la patronal.

Tal como se recoge en el artículo “Feroces de lengua y pluma” de Cynthia Eisenberg (Artemisa Noticias), en el primer editorial de “La voz de la mujer” sus impulsoras afirmaban que estaban “hastiadas de pedir y suplicar, de ser el juguete, el objeto de los placeres de nuestros infames explotadores o de viles esposos” y exigieron “nuestra parte de placeres en el banquete de la vida”.

A continuación, varios extractos de “La voz de la mujer” :

Yo no digo que en la presente sociedad pueda una mujer tener el grado de libertad que anhelamos, pero sí que en nuestra futura y próxima sociedad, donde nada faltará a nadie, donde nadie padecerá hambre ni miseria, allí sí que querremos el amor libre completamente. Es decir que la unión termine cuando termine el amor, y que si yo, porque la gana me da, no quiero estar sujeta a ningún hombre, no se me desprecie”.

(“¿Amemos? No. ¡Luchemos!” en La Voz de la Mujer, núm. 2. Enero de 1896, Buenos Aires, reproducido por la Universidad Nacional de Quilmes en 1997).

“Cuando nosotras (despreciables e ignorantes mujeres) tomamos la iniciativa de publicar La Voz de la Mujer, ya lo sospechábamos ¡oh modernos cangrejos! que vosotros recibiríais con vuestra macanística y acostumbrada filosofía nuestra iniciativa porque habéis de saber que nosotras las torpes mujeres también tenemos iniciativa y esta es producto del pensamiento; ¿sabéis?, también pensamos.
Apareció el primer número de “La Voz de la Mujer”, y claro ¡allí fue Troya!, “nosotras no somos dignas de tanto, ¡cá! no señor”, “¿emanciparse la mujer?”, “¿para qué?” “¿qué emancipación femenina ni que ocho rábanos?” “¡la nuestra”, “venga la nuestra primero!, y luego, cuando nosotros ‘los hombres’ estemos emancipados y seamos libres, allá veremos”. Con tales humanitarias y libertadoras ideas fue recibida nuestra iniciativa. Por allá nos las guarden pensamos nosotras. “¿No es verdad que es muy bonito tener una mujer a la que hablaréis de libertad, de anarquía, de igualdad, de revolución social, de sangre, de muerte, para que ésta creyéndoos unos héroes, os diga en tanto que temiendo por vuestra vida (…): ‘¡Por Dios, Perico!’? ¡Ah! ¡Aquí es la vuestra! Echáis sobre vuestra hembra una mirada de conmiseración (…) le decís con teatral desenfado: Quita, allá, mujer, que es necesario que yo vaya a la reunión de tal o cual (…) vamos, no llores, que a mí no hay quien se atreva a decirme ni a hacerme nada”. Si vosotros queréis ser libres, con mucha más razón nostras; doblemente esclavas de la sociedad y del hombre, ya se acabó aquello de “Anarquía y Libertad” y las mujeres a fregar. ¡Salud!”

(“¡Apareció aquello!” en La Voz de la Mujer, núm. 2. Enero de 1896, Buenos Aires).

Viendo la película de Laura Mañá y su acercamiento al movimiento obrero feminista en Argentina y recuperando a Clara Zetkin, sería muy interesante comparar los diferentes tipos de acciones que configuraban una ciudadanía de agencia en cada proceso revolucionario y las causas de las diferencias de procedimiento en esas actividades de protesta. De hecho, en cierta manera, el texto de Clara Zetkin ya compara el movimiento revolucionario alemán con la Revolución Francesa en varios momentos y apunta que las actividades de las mujeres en Alemania fueron dirigidas a la recogida de fondos y alimentos, a los servicios de información o a la asistencia sanitaria. Como podemos ver, este tipo de actividades tradicionalmente feminizadas distan mucho del gran avance para las mujeres que supone editar y dar difusión a un medio de comunicación.

Otra característica común entre el texto de Clara Zetkin y la historia de Virginia Bolten narrada en Ni Dios, ni patrón, ni marido por Laura Mañá se encuentra en la habilidad de ambas autoras para desentrañar todo el argumentarlo patriarcal al que se acogían los propios miembros de las asociaciones sindicales del movimiento obrero para rechazar la equiparación de derechos de las mujeres e incluso condenar su inclusión en el trabajo industrializado. Resulta curioso y, a su vez, desalentador, ya que demuestra que el patriarcado es una forma de opresión mucho más consensuada y transversal en ideologías políticas que cualquier otra y que parte de ese argumentario sigue vigente un siglo después.

Me gustaría destacar también un fragmento del texto de Zetkin que hace referencia a una necesidad también reflejada en el film sobre las tareas de cuidado vinculadas a la maternidad: “Las reivindicaciones sociales planteadas por las feministas en el orden del día revolucionario unen el movimiento femenino con la lucha y la suerte de los obreros y obreras; estas reivindicaciones son: (…) obligación legal de crear escuelas maternales en todas las empresas industriales para que las madres que trabajan puedan dejar en ellas a sus hijos”. Creo firmemente que deberíamos recuperar esa reivindicación entre otras muchas que se hicieron durante los períodos revolucionarios, porque ahora nos hemos conformado con medidas de conciliación (que no corresponsabilidad) y políticas sociales destinadas a los cuidados que en muchos casos no llegan ni a ser la sombra de lo que Clara Zetkin refleja en este texto.

Por último, resulta muy sugerente otra de las ideas de Zetkin: “la emancipación de la mujer sólo es posible a través de la abolición de la propiedad privada”. Ciertamente esto no ha sucedido, pero en muchos casos las mujeres siguen siendo tratadas como un bien material que puede ser cosificado y denostado como cualquier otro objeto de consumo.

Las condiciones miserables de vida y de trabajo de las proletarias a las que aluden tanto la película de Mañá como el texto de Zetkin no son un hecho aislado. Por ello, me pregunto si no serían necesarias investigaciones similares (en cualquier formato) sobre, por ejemplo, las condiciones de trabajo de las mujeres en las fábricas textiles catalanas durante la revolución industrial y sus vidas en las colonias fabriles. Debemos seguir dando pasos para recuperar la memoria de las mujeres y continuar recuperando genealogías de mujeres como Virginia Bolten y otras muchas, ausentes siempre de nuestros libros de texto y a las que tanto debemos…