OJARASCA 235, noviembre 2016


UMBRAL: “¿Dijeron mujer?”

Llama a preocupación la manera como repercutió en la clase política el anuncio del Congreso Nacional Indígena y el Ejército Zapatista de Liberación Nacional de que harían una consulta en sus comunidades para determinar si postulaban a una candidata, se entiende que independiente, para las elecciones presidenciales de 2018. Desde los extremos del llamado espectro partidario salieron voces, gritos incluso, contra la propuesta. El racismo y el sexismo se arraigan en lo más oculto de la mentalidad de la sociedad mayoritaria; tarde o temprano el sobresalto los delata y rompen con la corrección política y se desnudan. Las acusaciones y referencias fueron ingeniosas. De Carlos Salinas a Ingmar Bergman, pasando por la filosofía del Libro vaquero y el narcisismo autoritario, resulta que la culpa no es del indio sino del que lo hace compadre.

Esta gente nomás no aprende. Y se dirá que qué chiste si la derecha es proverbialmente ignara, pero la declaración más rotunda provino del panismo corriente y, no menos importante, desde el Instituto Nacional Electoral (INE). Ya antes su propio presidente nos regaló expresiones memorables de cómo ven ahí el voto de y por indígenas. Francisco Gárate, delegado del Partido Acción Nacional ante el INE, calificó de “ocurrencia” y “disparate” la propuesta de una candidatura presidencial indígena: “Si existiera el Reino Teponaca y se fueran a disputar el Imperio de la Triple Alianza, mediante el voto de las y los señores indígenas mayores de 18 años, en lugar de las Guerras Floridas, pues muy bien. La cuestión es que hoy la población indígena del país es menos de uno por ciento (sic) y diseminada en pueblos que van de Sonora a Yucatán” (La Jornada, 23/10/2016).

¿Indígena? ¿Mujer? Corre peligro el monopolio de los hupiles y rebozos que atavían a las señoras políticas. Por lo demás, las inditas sirven para dar las gracias en spots y espectaculares, pero ¿hacerlas visibles y escucharlas sin filtros ni maquillaje? Si ser mujer en México está del nabo, peor si eres indígena, y más si hay que chutarse tu palabra. La posibilidad ha de resultar insoportable para los que viven de la economía del voto.

A Rodolfo Stavenhagen, en memoria