Colombia, Latinoamérica, Noticias — 13/11/2013 a 9:58 am

SANGRE PARA EL PROGRESO

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Sangre para el progreso

Javier Orozco

Sindicalista colombiano. Coordinador del programa asturiano de Derechos Humanos.

Siguen muriendo con impunidad los sindicalistas y los opositores de la minería en Colombia. Y no es un sufrimiento originado en un desastre natural, sino el resultado de planes de exterminio cada vez más evidentes.

El 30 de septiembre pasado caía asesinada en Almaguer, departamento del Cauca y delante de uno de sus tres hijos, ADELINDA GOMEZ GAVIRIA, joven dirigente campesina opositora de los planes de expansión de una multinacional minera. Días antes los grupos paramilitares le habían advertido por teléfono que “deje de joder con eso de la minería, eso es riesgoso y se va a hacer matar”. Otras catorce personas defensoras de derechos humanos han sido asesinadas con impunidad en su región.

Casi un mes después, el 2 de noviembre, otro dirigente campesino y ambientalista, PEDRO CESAR GARCIA MORENO, opositor a la expansión de la minería del oro en La Colosa caía asesinado delante de su familia en Cajamarca, departamento del Tolima. Los paramilitares habían amenazado con asesinar a quienes pusieran el derecho a la alimentación y el medio ambiente sano por delante de los planes e intereses de la Anglo Gold Ashanti. Y lo han comenzado a cumplir.

Y el sábado 9 de noviembre fue asesinado en Bugalagrande, departamento del Valle del Cauca, OSCAR LOPEZ TRIVIÑO, sindicalista de Nestlé, empresa en la que hay un largo conflicto obrero patronal por incumplimiento del convenio. Días antes los paramilitares habían amenazado con asesinar y picar a los obreros que adelantaban una huelga de hambre frente a la empresa. En el 2005 habían asesinado a LUCIANO ROMERO MOLINA, sindicalista de la misma empresa y refugiado temporalmente en Asturias.

No afirmo que las empresas maten o manden a matar a sus trabajadores sindicalizados. Digo que la justicia en Colombia nunca encuentra autores intelectuales de los crimenes contra sindicalistas y defensores-as. Afirmo que se benefician del terror desatado en campos y ciudades, pues cada territorio que ocupan, cada vida que siegan los paramilitares, cada convenio y obligación que evaden, se refleja en sus jugosas cuentas de resultados, mientras la población cae empobrecida, exigiendo trabajo con derechos y respeto por las culturas y territorios indígenas y negros.

Ofende a la dignidad humana que se impongan a sangre y fuego intereses desmesurados que sobornan, gozan de impunidad, destruyen la naturaleza y la economía campesina, secuestran la democracia, se benefician del genocidio sindical, evaden impuestos y encima chantajean con irse a otros sitios del mundo donde se le pongan menos obstáculos a lo que dieron en llamar “progreso”.